salve a la madre (deconstrucción)

Se apoyan en la mesa las señoras para ver el televisor.

Para sintonizar sus almas con la inexistencia.

Se arrodillan a rezar, se estiran hacia la estantería,

disuelven su reflejo en el cocido.

Se desintegran en sus hijos que felices las digieren,

felices las consumen, en desgarre, en escape

en amplitud, convencidas.

Inundan las bolsas de medicamentos,

descosen soledad en granulos

y elaboran un vestuario de ganchillo

y vistosa melancolía.

Ahora que lo digo me deshago,

perpendicular al infierno, me deshago.

A toda prisa, por las calles,

como quien se pierde a sí misma en la hora en punto.

Me deshago.

Quiero bajar al mundo donde las mesas se apoyan en las señoras.

El televisor parpadea ante su existencia,

las estanterías se agachan para su sustento.

Se integran con los hijos que las completan,

aire y nudos. Erguidas en lo pequeño,

desertizan la selva para unirse solemnes a varillas ciegas.

Nunca callo para hacerme oblicua al paraiso.

Me configuro, como nadie se ubica en nadie,

en la media luna, en entredicho.

Me elaboro.

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