Dieciséis de junio 

Desarraigo,

débiles tangos en paliza monótona 

andar y desandar en círculos,

el juicio perdido, fatiga escolástica.

Trunco vapores de tu reflejo  

el espejo opaco en el filo estático 

sumo amante de extraño influjo.

El castigo en su cántico apagado,

escapa en error ventrílocuo,

y se deshace, reformulado,

en el sudor de tus encantos.

En placidez inocua, dactilar y siniestra

la verdad reposa, enseña sus dientes

-desespera su oscuridad destilada-

Su aliento aleatorio desprotege

el hechizo de las damas sentadas

-que ya nada esperan-.

Se remangan el vestido y presumen 

de fuerza de piernas.

Me entretengo pétrea en fáciles desusos;

el chasquido acarreado del chicle del niño,

el calcetín replegado en infinito calzoncillo,

el susurro ausente entre alambres y astros.

Desarraigo,

destino casual, sed enfermiza,

donde astutas y vitalicias las pelusas del mañana

se arremolinan en la retina.

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periplos

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