Ma-s-temática. 

Preciso instantes de ingravidez. De forma urgente. Preciso olvidar mi identidad física. Desfigurarme en sensación entrópica. Preciso derretirme en el Ártico. Rendirme al cambio climático.  Darme el lujo de dejar de reconocerme. Preciso.

Detener el influjo. Tornar la amalgama en escasez.

Apremiar lo desierto por contener lo insulso.

Dejar por un momento de pretender, de encerrar pensamientos rugosos que no ceden a lo transparente.

Reformular la mente en lo endeble. Cortina de aire inestable, a veces irrespirable. Se manifiesta y se esfuma con el movimiento de las isobaras. Mi ser lleno de taras podría irradiar amor si de Todo se vaciara.

Pero tengo tanta manía por las cosas completas. Creo que estoy enferma.

Toda armonía es utópica, entre la materia prototípica, que sucumbe al circular de la historia y se pronuncia ilusoria ahora, que me entretengo en desafiarla.

Es el destino crear la ciencia del olvido. La humilde imprecisión del delirio. Ingenuidad subyacente en patinar dosis incoherentes de críticas irrefutadas por el péndulo de la suerte.

Preciso, de forma urgente, rasgar las paredes antagónicas que parcelan mis heridas. Abrirlas en canal, desangrarlas, escurrirlas. Preciso que mi debilidad sea el lenguaje con el que bailan las aves cuando escapan del ocaso y se acurrucan en las ramas de los árboles. 

Preciso. Precisar. Como exactitud . Equivalencia. Eso mismo. Igual a cero.

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La importancia de la imagen

No quise negarte la importancia de la imagen. Llego donde se pierden juicios y se ganan sentidos. Donde se aborda la práctica de la recolecta. El hábito incierto perdido en la religiosidad del calendario. Mi Dios es la humana sensación de dar vueltas a una idea que se resiste a consumar. Mi Dios es procurar atisbar infinito en cualquier momento. Mi Dios es hacer que la confianza sea algo parecido a la conciencia del tiempo. Sugiero que todo existe por el lado exacto. La precisión del misterio.

No quise negarte la importancia de la imagen. Siempre hablo de invisibles por pavor a mirar lo que puede tocarse. A tocar lo que puede deshacerse. El olvido del tacto pacta con la libido del espíritu. Conlleva una sed paranormal que busca puertas en el tránsito del cuerpo. El tacto se vulnera en lo ingrávido y surge el espectro.

Intento acomodarme en un estado de constante cambio. Confundo objeto con pensamiento. Me entretengo en desfases incontenidos, juegos de consola, evitar ácidos grasos, mascar chicle entre horas. No atiendo que la vida se decolora. Mi sombra se traduce en el pellejo del pie cuando suda. ¿Qué hago ahora? No cabe esa duda en la desidia absoluta de no ser entendida. Por si alguien me pregunta diré que soy una más en la masa de almas perdidas. ¿Al más qué? Al más adecuado colchón obligatorio para que el seguro médico mantenga mi equilibrio económico. Al más placer extendido parlotear sobre política mientras me entretengo ondeando mi fular de palestina, cuento cuántos muertos hallaron en la frontera y escribo una necrológica y me duermo como una perra.

No quise negarte la importancia de la imagen. Quiero hablarte de lo que queda cuando cerramos las puertas. Nos quedamos a oscuras. El grito de la mente se expande en la penumbra y ¿qué es lo que proyecta? ¿Qué es lo que proyecta?

Quizá la imagen que nos suceda sea un borrón sin cuentas nuevas.

ETIMOLOGÍA DEL ABANDONO (PODER)

¿Existe razón para abandonarse, existe otra solución? ¿Existen otros precoces designios que la trinidad o el éxito fortuito de las vacunas o la cirugía bucofacial?

Es preciso atender a lo ilegible para entender lo básico.  Repeler lo eterno y abordar, inconsecuente, decenas de millones de años de rugosidad indecente. El pliegue del abismo, el que guardo en la frente. Prematuras ideas sin conexión que se retuercen. Intento articular una acción y sucumbo a la posición fetal. Insignia deficiente, mis intereses por la salvación se sumergen, con los restos de comida digerida en el retrete.

Recuento, uno a uno, los traumas promovidos por la tele. El precio que no llego, la dieta que abandono, el plan de pensiones y el fulgor hipotecario. Desvisto, uno a uno, las parcas facciones que me definen como especie. Piel latente, vísceras que parlotean, como termitas en la madera, van moviendo en vasos sanguíneos impulsos y reminiscencias, lo que espero de esperar en esta espera. Claudicar de lo importante y simular que estoy repleta. Claudicar de lo importante y simular que no me doy cuenta. Claudicar de piel, vísceras y sangre. Derribar comprensiones, juicios, coherencias. Pacer en Paz, doblemente, reinstalada y redundante. Descansar en el silencio de la memoria. Rumiar nada desajustada. Fundirme con el suspense detenido. Las despedidas que no buscan destino. Las irreparables.

-Amanece como si ayer nunca hubiese existido. El día no marca diferencia. Nos encontramos en la misma situación. Me saludas. Ignoro qué es el saludo, qué es el otro más que dice. Ignoro que estoy ignorando y expando elixir de cada cosa en sí, en sí y tanto que. Que no existe más qué.

Abandonarse.

Dieciséis de junio 

Desarraigo,

débiles tangos en paliza monótona 

andar y desandar en círculos,

el juicio perdido, fatiga escolástica.

Trunco vapores de tu reflejo  

el espejo opaco en el filo estático 

sumo amante de extraño influjo.

El castigo en su cántico apagado,

escapa en error ventrílocuo,

y se deshace, reformulado,

en el sudor de tus encantos.

En placidez inocua, dactilar y siniestra

la verdad reposa, enseña sus dientes

-desespera su oscuridad destilada-

Su aliento aleatorio desprotege

el hechizo de las damas sentadas

-que ya nada esperan-.

Se remangan el vestido y presumen 

de fuerza de piernas.

Me entretengo pétrea en fáciles desusos;

el chasquido acarreado del chicle del niño,

el calcetín replegado en infinito calzoncillo,

el susurro ausente entre alambres y astros.

Desarraigo,

destino casual, sed enfermiza,

donde astutas y vitalicias las pelusas del mañana

se arremolinan en la retina.

Tecno-y-Logia

A veces la vida es como un ordenador,
a veces no sé la diferencia entre aceptar y cancelar
no sé la diferencia entre cruz y horizonte
se me van las manos
y cierro cuando se me escapan detalles
o juzgo demasiado pronto
o me tomo demasiados derechos
para hacer mío el tiempo de los demás

a veces sí, la vida es como un ordenador.

y me gustaría dejar de hibernar
porque cuando me quiero dar cuenta
he vuelto a actualizarme y no sé qué versión de mí presto
me bloqueo, suprimo emociones
por un poco de paz que no dura
porque

rápida

reinicio.

Inmensidad mal repartida

Me desarmo de forma sustancial, a plazos

primero los ingredientes genéticos,

después los empíricos,

poco a poco acontece

el desintegracionismo.

La permeable delicadeza del vaciado.

Soy una colchoneta de aire escapista,

un entresijo de viento abovedado,

huecos de oxígeno entre mis huesos desiertos.

 

Mi piel aúlla arrugas, donde

reptiles mentiras ruedan como esvásticas.

Bajo mi uña animal el as de tu manga,

la realidad que no encuentro se hace ráfagas

sin más preámbulo, tu mirada.

 

Ayuno de egoismo y sacudo calma

como quien se deshace de las migas del mantel.

Escóndeme de mí, bajo tu sombra

y yacer yuxtapuesta,

adrede, en ángulo muerto

en desliz ignorante.