Lado activo del infinito

necesito arrancarme las córneas para ver más allá 

Lanzar la visión al lado activo del infinito.

No quiero caer en el recuento de fatigas sin remedio:

Las edades más usadas, máscaras rudimentarias que decoloran

las ganas de evolucionar.

Voy a recobrar energías, creo recordar dónde las dejé guardadas.

Intento no confundirlas con falsas proezas autodiagnosticadas:

No soy una loca, no estoy abandonada.

Puedo recobrar el aliento y citar de memoria 

la lista de las últimas ideas feministas 

que me sacaron del agujero. 

Puedo hinchar el pecho de líquenes, musgos, helechos, mesetas, tundras, desiertos.

De tantos paisajes salvajes dónde sé que me recupero. 

Venga, voy, voy, voy, arriba, arriba, y de pronto, no puedo. 

Me atasco en el pero. 

Necesito, preciso, a cada rato, como una enfermedad.

Necesito, preciso, de manera tan absurda que no me lo creo.

Desbordo en escasez este lleno, desbordo en escasez esta multitud de tú….

estás, eres, tú en grande y a voces, en silencio , en vacío paralelo. 

Escasez. Bruma en desarraigo . Manto de norias y ferias chocando en el estómago . Incendio en la memoria que rodea las ideas y el humo sale por las orejas.

Falta, privación, omisión, defecto. Pinchos atravesando la garganta por donde sale el aire, el ansia, la calma.

Y ahora tengo que salir de la cama. poner buena cara. vomitar una alfombra roja de dulzura a las miradas.

Cuando quiero arrancarme la piel y arrojarla a esta verja metalizada, columpiarme hasta caer rendida. Amontonar mis huesos en los bajo y asumir que son comunes. Asumir que son comunes. Comunes. Comunes.

Como una fila de hormigas, como una nube en dispersión ,como un límite que nunca llega a su frontera. 

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Agamia

Soy la sinrazón que cada día muestra el terror que ocultas. El designio indeseable que todos tenemos. Hay veces que quiero materializar algo bueno.No me refiero a juicios, sino simplemente no ser amenazada por un destino natural; como que cierres la caja y nos quedemos dentro.

Con tu identidad retumbando en un espacio minúsculo y yo convencida que lo mejor está fuera.

histeria universal

Envidio los años 20, los años 70, los 80.

Envidio lo pasado, El ahora me parece esquivo, inexistente,

un extracto sin interés de un libro gordísimo. Me siento incapaz de abarcarlo.

No comprendo su potencial. Solo puedo observarlo, quizá pueda alcanzarlo, abrirlo, una página al azar. Está en blanco.

Lo intento de nuevo. Otra página. Una ilustración hiperrealista donde aparezco abriendo el libro. Cierro el libro. Lo dejo sobre la mesa y decido escribir:

Érase una vez una persona que decidió abrir en canal la opacidad del entendimiento.

Para arrepentirse al instante al apreciar, que la raíz del entendimiento es no tener la menor idea.

Se apoyan en la mesa las señoras para ver el televisor.

Para sintonizar sus almas con la inexistencia.

Se arrodillan a rezar, se estiran hacia la estantería,

disuelven su reflejo en el cocido.

Se desintegran en sus hijos que felices las digieren,

felices las consumen, en desgarre, en escape

en amplitud, convencidas.

Inundan las bolsas de medicamentos,

descosen soledad en gránulos

y elaboran un vestuario de ganchillo

y vistosa melancolía.

Ahora que lo digo me deshago,

perpendicular al infierno, me deshago.

A toda prisa, por las calles,

como quien se pierde a sí misma en la hora en punto.

Me deshago.

Quiero bajar al mundo donde las mesas se apoyan en las señoras.

El televisor parpadea ante su existencia,

las estanterías se agachan para su sustento.

Se integran con los hijos que las completan,

aire y nudos. Erguidas en lo pequeño,

desertizan la selva para unirse solemnes a varillas ciegas.

Nunca callo para hacerme oblicua al paraiso.

Me configuro, como nadie se ubica en nadie,

en la media luna, entre horas. —–   Me elaboro.

PROBABLES QUIZÁS

He centrifugado el sin fin de promesas que me hice,
cuando cumplí los quince,
probándome pantalones de talle ajustado,
pensando en cosas imposibles,
vivir en Japón, cantar New York, New York
como Nina Hagen, con pendientes de chupete
y camellos acosándome para ofrecerme estupefacientes.
Esos fueron mis treinta y dos a los quince.
Hoy desfiguro mi edad en un borrón insondable.
Los años que viví sin querer. Los años que derroché
como si quedaran en la despensa dos, tres, cien, quinientas
identidades por descubrir, cerradas con zip
para su sencillo uso y desuso
y con instrucciones en chino.

AUTOINMÓVIL

Los cielos se abren
fluye el universo derramado
circuitos celestes atraviesan el tiempo
la potencia sencilla de un átomo de tierra
queda sometida al reflejo cuántico de un chasquido.
Los sueños emprenden el viaje de vuelta
se apresan en la marea
de los delirios de una borracha.
Una borracha mira el filo de su nariz
en el barranco de una copa.
Sus parpados no se levantan al horizonte.
Sus parpados como copas,
dos copas vacías de mirada.
Los cielos se abren
dentro de una mujer borracha.
El universo cae a borbotones
por su esófago ácido y caliente.
Nebulosas raídas y estupefactas
claman la soledad del transeúnte.
Nadie mira a quien está sola,
Nadie mira a quien es nadie.
Por si se encuentran a sí mismas allí,
Por si descubren que nadie es cada una.

Ma-s-temática. 

Preciso instantes de ingravidez. De forma urgente. Preciso olvidar mi identidad física. Desfigurarme en sensación entrópica. Preciso derretirme en el Ártico. Rendirme al cambio climático.  Darme el lujo de dejar de reconocerme. Preciso.

Detener el influjo. Tornar la amalgama en escasez.

Apremiar lo desierto por contener lo insulso.

Dejar por un momento de pretender, de encerrar pensamientos rugosos que no ceden a lo transparente.

Reformular la mente en lo endeble. Cortina de aire inestable, a veces irrespirable. Se manifiesta y se esfuma con el movimiento de las isobaras. Mi ser lleno de taras podría irradiar amor si de Todo se vaciara.

Pero tengo tanta manía por las cosas completas. Creo que estoy enferma.

Toda armonía es utópica, entre la materia prototípica, que sucumbe al circular de la historia y se pronuncia ilusoria ahora, que me entretengo en desafiarla.

Es el destino crear la ciencia del olvido. La humilde imprecisión del delirio. Ingenuidad subyacente en patinar dosis incoherentes de críticas irrefutadas por el péndulo de la suerte.

Preciso, de forma urgente, rasgar las paredes antagónicas que parcelan mis heridas. Abrirlas en canal, desangrarlas, escurrirlas. Preciso que mi debilidad sea el lenguaje con el que bailan las aves cuando escapan del ocaso y se acurrucan en las ramas de los árboles. 

Preciso. Precisar. Como exactitud . Equivalencia. Eso mismo. Igual a cero.