un momento

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Sinceridad tardía desfogada en noche de alcohol:

Nos encerramos en el coche a mirar la oscuridad.

La conversación tiene todo el protagonismo.

El vaho tiñe los cristales de gris.

Tu respiración es bienvenida con el añil de las palabras agradables.

Nos apretamos las manos, agradecemos las presencias.

Por las ranuras de la puerta, o quizá por la ventana, entra una soledad pequeña, letal.

Empieza avanzando por tu dedo meñique, después me roza la oreja izquierda, va apoderándose poco a poco de nuestros nombres.

Preferimos ser nadie.

Nos ausentarnos de nuestras personas.

Somos lo que vemos en la otra.

Y punto.

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