un momento

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Sinceridad tardía desfogada en noche de alcohol:

Nos encerramos en el coche a mirar la oscuridad.

La conversación tiene todo el protagonismo.

El vaho tiñe los cristales de gris.

Tu respiración es bienvenida con el añil de las palabras agradables.

Nos apretamos las manos, agradecemos las presencias.

Por las ranuras de la puerta, o quizá por la ventana, entra una soledad pequeña, letal.

Empieza avanzando por tu dedo meñique, después me roza la oreja izquierda, va apoderándose poco a poco de nuestros nombres.

Preferimos ser nadie.

Nos ausentarnos de nuestras personas.

Somos lo que vemos en la otra.

Y punto.

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Extrañar no es extraño

No me aflijo si los cuchillos miran hacia abajo.
Tiranías se revuelcan en venas y mueven a estas letras a contarlo todo.
Suena silencio el brinco de tumba en rienda suelta.
Camino sin pararme a buscar entre huecos, no sea que descubra al miedo mirar de frente.
Amanezco con señales por el cuerpo: Son los dientes de lo que debería haber hecho.
Cada día un trozo menos.
Se va alejando escurridiza la idea de yo entero.
Me sitúo entre las gentes. Muy pegada. Me embadurno de mordidas provenientes de otras pieles.
Rellena en esas carnes, intento conciliar el sueño.
Consciente que, seré menos yo, más huesos, y sobre todo, sobras.
Carnes mudadas de muelas, migas del plato, restos que me conceden una presencia, en el brusco intento de no ser nada.
Llega un momento en que la autocompasión no me seduce.
Es natural la fuga y requiebro de bacterias, rudimentos y esencias atómicas.
Que no soy yo entero, es una realidad.
Que no queda nada de mí en mí, es un hecho.
El drama de la desintegración le sucede al mundo.
Puedo agudizarme y sentir en qué detalles reparan los trozos que pierdo.
En muchos lugares me reconozco, en personas.
Encuentros de verdad me sitúan en esa rara identidad, ya desconocida.
Quizá sea una creación más de la mente.
Carnes y sales que yuxtaponen sentido e importancia a la dirección de los cuchillos.

Sé que no serás tan tirana para callar sin admitir, que me reconoces en tí

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Paloma negra

Quiero desquerer las ganas de quererte
Quiero redimir la manía de quejarme
Quiero callar esta llamada-
Suerte que no escucharás que no contendrás
no habrá maneras para amasar las mantas-
florecerán en mis ojos con tu hueco
Sí, habrá despistes peores que olvidarte

un jugador llamado Viernes quiere
ser vivido, ser vivo ser ánimo y animado.
Me levanta y marca
En espacio roto
agujero negro al suspiro matasuegras
Chavela Vargas en este caso cantaría
Para sentirme importante impoluta implacable
seré grito que busca tus placeres
En las noches oscuras mi mano te encontrará
Pero….

Esta quietud es cachorro
Que muerde a muerte la desazón, mi mano fría

Esto que escribo es llanto
Llega al cielo que no duerme -mañana.