Extrañar no es extraño

No me aflijo si los cuchillos miran hacia abajo.
Tiranías se revuelcan en venas y mueven a estas letras a contarlo todo.
Suena silencio el brinco de tumba en rienda suelta.
Camino sin pararme a buscar entre huecos, no sea que descubra al miedo mirar de frente.
Amanezco con señales por el cuerpo: Son los dientes de lo que debería haber hecho.
Cada día un trozo menos.
Se va alejando escurridiza la idea de yo entero.
Me sitúo entre las gentes. Muy pegada. Me embadurno de mordidas provenientes de otras pieles.
Rellena en esas carnes, intento conciliar el sueño.
Consciente que, seré menos yo, más huesos, y sobre todo, sobras.
Carnes mudadas de muelas, migas del plato, restos que me conceden una presencia, en el brusco intento de no ser nada.
Llega un momento en que la autocompasión no me seduce.
Es natural la fuga y requiebro de bacterias, rudimentos y esencias atómicas.
Que no soy yo entero, es una realidad.
Que no queda nada de mí en mí, es un hecho.
El drama de la desintegración le sucede al mundo.
Puedo agudizarme y sentir en qué detalles reparan los trozos que pierdo.
En muchos lugares me reconozco, en personas.
Encuentros de verdad me sitúan en esa rara identidad, ya desconocida.
Quizá sea una creación más de la mente.
Carnes y sales que yuxtaponen sentido e importancia a la dirección de los cuchillos.

Sé que no serás tan tirana para callar sin admitir, que me reconoces en tí

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